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Durante décadas se creyó que esta pintura, creada mientras el artista permanecía internado en un sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence, era principalmente una expresión de su imaginación y sus emociones.

Sin embargo, investigadores surcoreanos utilizaron simulaciones astronómicas, cálculos matemáticos y documentos históricos para reconstruir el cielo de aquella época. Descubrieron coincidencias entre la posición de la Luna menguante, el brillante planeta Venus y varias estrellas del cúmulo de las Híades.

Los resultados, publicados el 22 de octubre de 2026 en la revista científica Scientific Reports, sugieren que Van Gogh pudo inspirarse en una configuración celestial que realmente existió.

El descubrimiento también abre un debate sobre cuándo terminó la pintura, tradicionalmente fechada en junio de 1889. Aunque algunos especialistas cuestionan la nueva interpretación, la investigación aporta pistas fascinantes sobre la capacidad del artista para transformar sus observaciones en una obra extraordinaria.

Quizás lo más conmovedor sea imaginar que, hace 137 años, Van Gogh contempló un cielo que todavía podemos reconstruir gracias a la ciencia.

Un cielo que desapareció con el amanecer, pero que su pincel convirtió en eterno. 

 

Autor: soniaoyarzo